El pianista español ha pasado por el Auditorio nacional para dejar huella de su madurez al teclado. Para ello nos presentó un interesantísimo programa con obras de Manuel de Falla contraponiéndolas a piezas de Chopin toreando al alimón  con nocturnos Mazurkas serenatas vals o berceuse durante la primera parte de sus concierto. Y lo logro presentándonos la comparativa y verdadera conexión de unas obras con otras. Siempre dentro de la sobriedad sin amaneramientos tan frecuentes en este tipo de obras de Chopin, que dijo con transparente claridad dio una lección de magnifico fraseo y fuera emborronamientos con excelentes tempos.

   Después del descanso se metió de lleno en la música española. Obras de Falla, cuatro piezas españolas, aragonesa (jota) cubana (habanera) montañesa y andaluza (que hablan por si mismas) ciertamente difíciles de interpretar dieron paso a Albéniz – del que Perianes tiene un documental para enseñarnos las similitudes con Scarlatti- y su transcripción fue perfecta. Para mi gusto lo mejor de su selección de la Iberia fueron el polo Y Triana. Escuchándose las obras con el carácter racial de lo español de la música que solo logran los pianistas españoles de buena escuela se encuentra Javier Perianes a la altura de Alicia de Larrocha o Rosa Sabater. El éxito fue rotundo y tocó de propina Sevilla de Albéniz y la Danza del fuego de Falla. Con ellos coronó un interesantísimo y extraordinario recital.