Como todos los años el pianista de San Petersburgo ha pasado por el Auditorio Nacional para ofrecernos un magnifico recital, como todos los suyos. Es el alma del ciclo de grandes intérpretes que organiza Scherzo y parece que el ciclo no funciona si Sokolov no está en el cartel por muy interesantes que sean los demás. Es querido por el público que llenó la sala y sus recitales están siempre rodeados de expectación.
Por todo ello el concertista no defraudó. Esta vez nos ofreció obras de Beethoven y Schubert. Del primero atacó la Sonata número cuatro y las bagatelas opus 126, De Schubert la sonata para piano en si bemol. La primera del compositor de Bonn fue desarrollada con verdadera maestría y no perdiendo la perspectiva de la estructura de sus cuatro movimientos desde el principio clarificó los temas de los distintos pasajes con tempos justos y adecuados a la forma que requiere cada movimiento. La desentrañó al milímetro y nos la dejó en bandeja logrando párrafos espectaculares con nítida clarividencia junto con un sutilísimo juego de los pedales. Las bagatelas no son nada fáciles y en especial las de esta serie que son serias y nos dan una idea de que no por ser piezas de corta duración son menos profundas que otras. Transmiten la sensación de que no son un juguete y así las manejó el intérprete. Después de la pausa llego la monumental sonata de Schubert con un primer movimiento demasiado largo que no desmayó en ningún momento. Igual de equilibrados fueron los otros movimientos que redondean la sonata y que llevaron al final del recital desatando los calidísimos aplausos del `publico que no le dejaba marchar. Correspondió Sokolov con seis piezas de propina. Obras de Chopin, Brahms y Scriabin Ya estamos esperando al año que viene para tenerle con nosotros otra vez. Nunca defrauda. Es un genio del piano y un traductor único de la música a la que sirve con total devoción.