Ha subido a las tablas del coliseo madrileño la obra de Smetana que lleva por título La Novia  vendida del compositor checo Bedrich Smetana. Adelantaré que ha sido un acierto. Esta obra se estrenó en Praga y es la única de las de su autor que perdura en el repertorio internacional. Está compuesta bajo la sombra de las polcas y melodías populares checas de las que Smetana bebía como fuente de inspiración obteniendo un magnífico resultado dentro de esta orbita como predecesor de Dvorak en el nacionalismo imperante en su época.

  Bajo la dirección del titular director artístico el teatro, Gustavo Gimeno, con demasiado énfasis, con obertura trepidante y vivísima y con demasiado volumen para casi tapar las voces, fue no obstante un excelente acompañante de los cantantes y creador de un ritmo chispeante adecuado a la obra durante toda la representación. La ópera es de contenido festivo ideal para el lucimiento de las capacidades teatrales de los intérpretes. En general todos los actores cumplieron con más que notable. La más aplaudida, la soprano protagonista Svetlana Aksenova fue mejorando conforme avanzaba la representación y se mostró segura y bien afinada en el último acto y fue convincente y adecuada su actuación. Le siguió el tenor español Mikeldi Achalabandaso, cono cantante y actor de primer orden. Cumplieron las voces masculinas, tenores y barítonos y para mi destacó Maria Rey Joly en su breve cometido con clase y categoría como actriz. El coro, de abundantes intervenciones durante toda la obra demostró sus dotes y apareció muy bien integrado y afinado aparte de actuar con eficacia.

  Dejo para el final el montaje escénico del francés Laurent Pelly del que ya hemos conocido en anteriores ocasiones sus dotes, fuera de toda discusión. Sin embargo aquí, para ser una ópera bufa dio una de cal y otra de arena. Durante la primera parte de la opera se limitó a trabajar sobre el negro del escenario entero con un mosaico de artefactos colgados del techo que solo se vio aliviado ante el colorido raído de los trajes del coro y solistas. El panorama dio un giro de 180 grados en la segunda parte en la que se nos ofreció un número de circo que valio por toda la función, lleno de color, impresionante coreografía y magnifica escenificación. Este número tocó el ánimo del público asistente y desembocó en final feliz y éxito de una ópera que muy dignamente el Real ha traído al circuito y puede considerarse de lo mejorcito de la temporada, tan variada y nutrida de títulos.