Ha pasado por Madrid la mezzosoprano francesa y en el teatro de la  Zarzuela dio un recital que debe ser reflejado  aquí por lo inteligente del programa, la valía con la que se enfrentó a los diversos autores y porque estas jóvenes cantantes solistas de hoy serán las divas del mañana y para cuando vuelven ya las hemos dejado de retener en nuestras memorias.

    Con estas lineas voy anticipando lo que fue. La artista tiene una magnifica presencia y una timbrada voz con un registro extenso y una escuela de bel canto detrás de primer orden. Como buena francesa nos deleitó durante la primera parte del concierto con páginas de Debussy  y preciosas canciones de Gabriel Fauré para ponerse seria después con cinco lieder de los Kindertotenlieder de Mahler. Al llegar allí cambio de registro y se pasó al bando español y vino la sorpresa las Siete canciones populares españolas de Manuel de Falla. Digo la sorpresa no porque nos fueran un descubrimiento sino porque casi ninguna cantante que no sea española se atreve con ellas.  Nadie como Victoria de los Ángeles o Teresa Berganza las ha cantado pero esta vez supero lo infranqueable y nos dejó boquiabiertos. No solo el quantum sino le quale. Ni la mejor de las gitanas sabría entonarlo en el justo estilo ni en el desgarre español  y la simpatía y naturalidad con esplendida lección de castellano y dominando el aire de cada canción. Calurosamente aplaudida concedió una Seguidilla de la ópera Carmen y una bellísima página de Duparc. Estuvo muy bien acompañada al piano por  el pianista francés Alphonse Cemin que toco  una pieza de la Iberia de Albeniz y fue participe del entusiasmó que supuso un recital del que salimos olvidando por una momento la pesadilla del gobierno de España.